Una puerta abierta que no esperábamos
- IglesiaElRedentor

- 18 ene
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Hechos 16 nos muestra a Pablo iniciando su segundo viaje misionero, ya no camina solo, ahora lo acompañan Silas y un joven discípulo llamado Timoteo, las iglesias crecen, la obra avanza y todo parece indicar que el camino está claro, sin embargo, este capítulo nos enseña que no todo avance ocurre en línea recta.
Mientras Pablo buscaba dirección para continuar, el Espíritu Santo comenzó a cerrar puertas, no les permitió ir a Asia, tampoco a Bitinia, regiones lógicas, estratégicas y prometedoras quedaron fuera del plan, para cualquier líder, esto habría sido frustrante, pero Pablo entendía algo fundamental, el ministerio no se dirige por intuición humana, sino por obediencia espiritual.
Dios no solo guía abriendo puertas, muchas veces guía cerrándolas.
El momento decisivo llegó en una visión nocturna, un hombre macedonio clamaba: “Ven a Macedonia y ayúdanos.” No estaba en los planes, no era parte de la ruta inicial, pero Pablo no dudó, la Escritura dice que inmediatamente obedecieron, cruzaron el mar Egeo y llegaron a Filipos, una ciudad romana estratégica.
Ahí, Dios comenzó algo nuevo.
La primera persona que respondió al evangelio no fue un líder político ni un soldado, sino una mujer llamada Lidia, una mujer influyente, con un corazón preparado, la Biblia dice algo profundamente revelador: “El Señor abrió su corazón.”No fue persuasión humana, fue gracia divina, Lidia se convirtió en la primera creyente en Europa y su casa se transformó en un lugar de reunión para la iglesia naciente.
Pero junto con la salvación, vino la oposición.
Una esclava poseída por un espíritu de adivinación comenzó a seguir a Pablo y a Silas, aunque decía palabras correctas, su fuente era oscura, Pablo discernió que no todo lo que suena espiritual viene de Dios, con autoridad, liberó a la joven, y con ello provocó la furia de quienes se beneficiaban de su esclavitud, el resultado fue inmediato: acusaciones falsas, golpes y prisión.
Sin juicio, sin explicación, sin justicia humana.
Y aun así, Pablo y Silas cantaron.
En medio de la noche, atados y heridos, elevaron su voz, no cantaron porque entendían el plan, sino porque confiaban en Dios, entonces ocurrió lo inesperado, un terremoto sacudió la prisión, las puertas se abrieron y las cadenas cayeron, no solo para ellos, sino para todos.
La libertad que Dios trae nunca es individual, siempre tiene alcance colectivo.
El carcelero, al ver el poder de Dios, creyó junto con su familia, una ciudad que estaba bajo un encierro espiritual comenzó a abrirse al evangelio, Filipos se convirtió en un nuevo centro de fe, lo que comenzó con puertas cerradas terminó con una puerta ancha abierta a una región entera.
Hechos 16 nos recuerda que los desvíos de Dios no son errores, que las puertas cerradas pueden ser misericordia, que la obediencia inmediata abre caminos que jamás habríamos planeado, y que aun en la prisión, Dios sigue obrando.
Como iglesia hoy, este capítulo nos invita a confiar cuando no entendemos, a cantar cuando el camino duele y a creer que Dios sigue abriendo puertas… incluso de formas sorprendentes.
Porque donde el Espíritu del Señor está,
hay libertad.
Y cuando Dios abre una puerta,
nadie puede cerrarla.
“El Señor abrió su corazón para que respondiera al mensaje.”
— Hechos 16:14



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