Detener una división seria
- IglesiaElRedentor

- 18 ene
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Después del primer viaje misionero de Pablo, había mucho que celebrar, Dios había abierto una puerta amplia para los gentiles, iglesias nacían, vidas eran transformadas y el evangelio avanzaba con poder, sin embargo, justo en este punto crucial, surgió una amenaza diferente, la división interna.
El enemigo no pudo detener el avance del evangelio desde afuera, así que intentó hacerlo desde adentro.
Algunos creyentes judíos comenzaron a enseñar que los gentiles no podían ser salvos si no obedecían la ley de Moisés, exigían circuncisión y prácticas ceremoniales como condición para la salvación, lo que estaba en juego no era un detalle menor, sino el corazón mismo del evangelio.
¿Es la salvación por gracia o por obras?
Pablo, que seguramente prefería seguir avanzando en la misión, entendió que este conflicto no podía ignorarse, a veces, para seguir avanzando correctamente, es necesario detenerse y corregir el rumbo, la iglesia primitiva hizo algo sabio, se reunieron, escucharon y discernieron juntos.
Pedro tomó la palabra y recordó cómo Dios había obrado entre los gentiles sin imponerles la ley. Su conclusión fue clara y contundente: “Creemos que somos salvos por la gracia del Señor Jesús.” No por méritos, no por rituales, no por cargas religiosas, solo por gracia.
Luego Jacobo, líder de la iglesia en Jerusalén, confirmó esta verdad apoyándose en las Escrituras, declaró que los gentiles eran plenamente aceptados en el Reino de Dios, sin condiciones adicionales, sin embargo, también llamó a la sensibilidad y al amor mutuo, la libertad cristiana no debía usarse para herir conciencias, sino para edificar en unidad.
La disputa doctrinal se resolvió con sabiduría, humildad y comunión, pero el capítulo no termina ahí.
Incluso después de resolver un conflicto teológico mayor, surgió una diferencia personal entre Pablo y Bernabé, no estuvieron de acuerdo sobre si Marcos debía acompañarlos en el siguiente viaje, la discusión fue lo suficientemente fuerte como para separarlos, no hubo condena pública ni explicación detallada, solo dos caminos distintos.
Esto nos enseña algo importante, la unidad en el evangelio no significa ausencia de desacuerdos humanos, aun líderes maduros pueden tener diferencias, la Biblia no idealiza a la iglesia; nos muestra su humanidad, sin embargo, Dios siguió obrando a través de ambos caminos, Bernabé continuó formando a Marcos, y Pablo siguió avanzando con Silas.
Hechos 15 nos recuerda que el evangelio se protege con verdad, la unidad se cuida con humildad y la misión continúa incluso cuando hay tensiones, nos llama a rechazar el legalismo, a abrazar la gracia y a manejar los desacuerdos con madurez espiritual.
Como iglesia hoy, este capítulo nos desafía a preguntarnos
¿Estamos imponiendo cargas que Dios nunca pidió?
¿Sabemos escuchar cuando hay diferencias?
¿Cuidamos la unidad sin sacrificar la verdad?
Porque la gracia no divide, libera.
Y una iglesia que aprende a resolver conflictos con el Espíritu
está preparada para seguir avanzando.
“Creemos que somos salvos por la gracia del Señor Jesús.”
— Hechos 15:11



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