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Nuevos niveles, nuevas resistencias


El libro de los Hechos comenzó con una reunión de oración en Pentecostés, y esa llama nunca se apagó, años después, cuando se abre el capítulo 13, volvemos a encontrar a la iglesia en el mismo lugar espiritual, orando y ayunando, no estaban planeando estrategias ni diseñando campañas, estaban escuchando al Espíritu Santo.


En Antioquía, un grupo de líderes diversos en cultura, historia y trasfondo buscaba la dirección de Dios, y fue ahí donde el Espíritu Santo habló con claridad, “Consagren a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado.” Así comenzó el primer viaje misionero internacional, la iglesia no envió a quienes estaban disponibles, sino a quienes habían sido apartados por Dios.


Pero apenas el evangelio cruzó nuevas fronteras, apareció la oposición.


En Chipre, Pablo y Bernabé se encontraron con una fuerza oscura, un hechicero llamado Barjesús (significa hijo de Josué, nombre y hombre que no tiene nada que ver con Cristo), este hombre no estaba interesado en la verdad, estaba interesado en conservar su influencia, cuando el evangelio amenaza los sistemas de control, siempre habrá resistencia, y Pablo entendió que esta batalla no se ganaría con argumentos humanos, fue lleno del Espíritu Santo, y desde esa autoridad confrontó la obra del enemigo.


El resultado fue claro, el poder de las tinieblas fue expuesto, y un líder romano creyó en Jesús, y el Reino avanzó.


Este episodio nos recuerda algo importante, cada nuevo nivel espiritual trae nuevos desafíos, no debemos sorprendernos cuando el enemigo intenta interferir, el avance del evangelio siempre despierta oposición, y esa oposición no se vence con ideas brillantes, sino con dependencia total del Espíritu Santo.


Desde Chipre, el camino se volvió más difícil, Pablo y Bernabé cruzaron regiones peligrosas, atravesaron montañas traicioneras y enfrentaron desgaste físico y emocional, no todos pudieron continuar, Juan, aún joven, regresó a casa, el llamado de Dios muchas veces nos lleva por rutas incómodas, donde solo la convicción nos sostiene.


En Antioquía de Pisidia, Pablo predicó con poder en la sinagoga, muchos creyeron, el evangelio se extendió por toda la región, pero esta vez la resistencia no vino de un hechicero, sino de personas religiosas, el mismo mensaje que trajo vida también provocó rechazo, porque el enemigo no solo obra a través de lo oculto, muchas veces se disfraza de religiosidad.


Fue entonces cuando Pablo hizo una declaración decisiva, el mensaje seguiría siendo proclamado primero, pero ahora el mundo entero se convertiría en su parroquia, el evangelio no sería limitado por rechazo ni por fronteras culturales. Y aunque fueron expulsados de la región, Lucas nos deja una imagen poderosa: “Los discípulos quedaron llenos de gozo y del Espíritu Santo.


La persecución no apagó la llama, la fortaleció.


Hechos 13 nos enseña que el avance del Reino nace en la oración, se sostiene en la obediencia y se afirma en el Espíritu Santo. Nos recuerda que los nuevos niveles requieren humildad, valentía y disposición para enfrentar resistencias, y nos muestra el corazón de líderes como Bernabé, capaces de ceder el protagonismo para que el propósito de Dios avance.


Como iglesia hoy, este capítulo nos confronta con una verdad clara, si queremos ver nuevos niveles de impacto, debemos estar dispuestos a enfrentar nuevas resistencias, pero nunca solos, siempre llenos del Espíritu Santo.


Porque donde Dios envía,

Él respalda.

Y cuando el Espíritu Santo guía,

el Reino siempre avanza.


“Aparten a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado.”

— Hechos 13:2

 
 
 

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