No hay avivamiento sin santidad
- IglesiaElRedentor

- 5 ene
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Después de ver una iglesia valiente, generosa y llena de poder, Hechos 5 nos confronta con una verdad que muchas veces preferimos evitar una, verdad incómoda, Dios no solo se interesa por lo que hacemos, sino por lo que hay dentro de nosotros al tener esas acciones.
En el capítulo anterior conocimos a Bernabé, un hombre sencillo y generoso que entregó lo que tenía para que la obra de Dios avanzara. Su acción no buscaba reconocimiento como muchas veces nosotros pretendemos, nacía del amor esa fue la esencia de su accion. Pero Ananías y Safira decidieron imitar el acto sin compartir el corazón Bernabé, sin compartir esa esencia del acto de Bernabé. Querían parecer entregados sin estar rendidos, sin estar vacíos de si mismo, querían el aplauso sin la obediencia cosa que en estos tiempos se busca más, querían la apariencia de santidad sin verdaderamente rodearse de ella.
Un punto que para mi se volvió clave en todo esto fue que se menciona la palabra “jóvenes” en los momentos de mas suspenso y tensión, en el versículo 6 y 10 es donde logramos apreciar esto, los “jóvenes”, en una lectura simple podrían pasar desapercibidos, más sin embargo su presencia no es accidental o decorativa.
Lucas los introduce justo cuando la santidad de Dios irrumpe con seriedad, no aparecen para opinar, ni para explicar, ni para ser protagonistas, aparecen para servir, para hacer una tarea dura, silenciosa y poco visible. Mientras otros hablaron, ellos obedecieron. Mientras algunos intentaron controlar el mover de Dios, ellos se sometieron a él.
Es significativo que Dios permita que los jóvenes estén presentes en un momento tan solemne e importante como si la escritura nos recordara que el futuro de la iglesia no solo se forma en los momentos de celebración, sino también en los momentos de reverencia. La santidad no se aprende solo en los altares, también se aprende en el servicio silencioso, en la obediencia que no busca aplauso.
Estos jóvenes no fueron usados para sostener una imagen, sino para proteger la pureza de la iglesia, no levantaron la voz, pero sostuvieron el orden, no fueron vistos, pero fueron necesarios. Y quizá ahí esté una de las lecciones más profundas del pasaje, Dios confía responsabilidades sagradas a corazones dispuestos, aun cuando nadie los esté mirando.
En medio del fuego del avivamiento, los jóvenes estuvieron ahí, no para apagarlo ni para manipularlo, sino para cuidar que no se contaminara, es por eso que cuando vieron caer a Ananías ellos actuaron y cuando estaban de regreso y mirando a Safira en el suelo, no dijeron… ¿hay otro por sepultar?. Ellos solo actuaron ellos obedecieron nos recuerda que el mover del Espíritu Santo no solo necesita pasión, también necesita carácter. No solo necesita poder, también necesita santidad.
Su silencio fue más elocuente que muchas palabras, su acción, más reverente que cualquier discurso, ellos entendieron que había momentos donde no se explica, se obedece, donde no se opina, se sirve, esa obediencia silenciosa protegió la santidad del mover de Dios.
Esto nos recuerda que el Espíritu Santo no solo se mueve con pasión, sino que permanece donde hay carácter, no solo se manifiesta con poder, sino que habita donde hay santidad. El avivamiento no se sostiene solo con fuego, se cuida con corazones íntegros.
Ananías y Safira buscaron verse bien, los jovenes no buscaron atención, Ananías y Safira quisieron controlar, los jovenes solo sirvieron, obedecieron y cumplieron una tarea difícil, Ananías y Safira mintieron al Espíritu Santo y buscaron protagonismo.
El problema no fue que dieran solo una parte. El problema fue la mentira. El problema fue la corrupción del corazón.
Pedro lo expresó con claridad inquietante: Ananías no solo había mentido a los hombres, había mentido al Espíritu Santo. En Hechos 2 vemos personas llenas del Espíritu Santo, en Hechos 5 vemos personas llenas por otra influencia. Donde Dios se mueve con poder, el enemigo intenta infiltrar orgullo, engaño y control.
Dios actuó con severidad. No para infundir miedo, sino para proteger la pureza de Su iglesia. El avivamiento no puede sostenerse sobre corazones divididos. El fuego del Espíritu Santo no convive con la mentira deliberada. La santidad no es una opción cuando Dios está obrando.
Y lejos de apagar el mover de Dios, esta corrección lo fortaleció.
La iglesia creció aún más. Los milagros se multiplicaron. Los enfermos eran sanados, los oprimidos liberados, y la presencia de Dios era tan real que hasta la sombra de Pedro traía sanidad. No porque Pedro fuera especial, sino porque su vida no estaba bajo la sombra de la corrupción, sino bajo la luz de la obediencia.
Una iglesia santa es una iglesia poderosa.
La oposición no tardó en llegar. Los apóstoles fueron arrestados, encarcelados y amenazados. Pero ni las prisiones pudieron contener lo que Dios estaba haciendo. Un ángel abrió las puertas, y los discípulos volvieron a predicar. Su respuesta fue clara y firme: es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.
Fueron golpeados, humillados y advertidos. Y aun así, se fueron gozosos. No porque disfrutaran el dolor, sino porque fueron considerados dignos de sufrir por el nombre de Jesús. Su fidelidad no se debilitó; se fortaleció.
Este día nos llama a examinarnos con honestidad.
¿Buscamos el mover de Dios sin cuidar nuestro corazón?
¿Deseamos poder espiritual sin rendición total?
¿Preferimos aparentar antes que ser transformados de verdad?
Dios no busca una iglesia perfecta, pero sí una iglesia sincera. Una iglesia que se rinde, que se arrepiente, que camina en luz. Porque no hay avivamiento verdadero sin santidad, y no hay santidad sin un corazón completamente entregado.
Que este quinto día nos recuerde que el fuego de Dios se aviva donde hay verdad, obediencia y humildad.
Y que una iglesia que decide agradar a Dios por encima de todo, jamás podrá ser detenida.
Porque cuando el corazón es limpio, el poder fluye.
Y cuando la iglesia es santa, el evangelio avanza.
“Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.”
— Hechos 5:29



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