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Finalmente, rompiendo la barrera

Dios ya había abierto la puerta a los gentiles, pero ahora la iglesia tenía que decidir si estaba dispuesta a cruzarla por completo, Hechos 11 nos muestra que, aunque el Espíritu Santo se movía con poder, no todos estaban preparados para soltar sus viejas costumbres y categorías.


La primera iglesia gentil nació en una casa extranjera, lejos de Jerusalén, allí, familiares y amigos de Cornelio recibieron el Espíritu Santo, dejando una evidencia innegable del amor de Dios por los pueblos no judíos, sin embargo, cuando la noticia llegó a Jerusalén, la reacción no fue celebración, sino escándalo. Algunos creyentes confrontaron a Pedro diciendo, “Entraste en casa de gentiles, ¡y hasta comiste con ellos!” Fue esa la acusación del consilio.


Eran seguidores de Jesús, bautizados y sinceros, pero todavía gobernados por tradiciones y prejuicios que habían enfriado su corazón, el problema no era la falta de fe, sino una fe limitada por prejuicios, aun así, Dios fue paciente. Pedro dio testimonio de lo que había visto, y poco a poco los corazones cambiaron, finalmente, reconocieron que Dios también había concedido a los gentiles el arrepentimiento que conduce a la vida.


Pero el proceso no fue inmediato.


Muchos creyentes judíos dispersados seguían predicando únicamente a los judíos, el llamado de Jesús a ir por todo el mundo aún estaba siendo filtrado por miedo, costumbre y barreras raciales, hasta que algo cambió, Hechos 11:20 marca un giro silencioso pero decisivo, algunos creyentes, provenientes de Chipre y Cirene, comenzaron a anunciar a Jesús también a los gentiles.


No conocemos sus nombres, no fueron reconocidos públicamente, pero fueron valientes, cruzaron una línea que otros no se atrevían a cruzar, y ese acto de obediencia encendió un mover de Dios que transformaría la historia.


Antioquía se convirtió en un nuevo centro de la fe cristiana, una ciudad conocida por su idolatría, su inmoralidad y su influencia cultural ahora era escenario del avance del evangelio, y allí de una forma sorprendente y totalmente contraria a la fama de la ciudad, por primera vez, los seguidores de Jesús fueron llamados “cristianos”. Y allí también se unieron Bernabé y Saulo, formando una alianza que llevaría el mensaje de Cristo a las naciones.


Bernabé entendió algo fundamental, el Reino de Dios no avanza en solitario, reconoció la gracia en otro y decidió caminar acompañado. Su humildad y visión abrieron paso a una de las asociaciones más fructíferas de la historia de la iglesia.


Hechos 11 nos recuerda que el Espíritu Santo siempre empuja a la iglesia más allá de su zona de confort, nos llama a ir donde otros no quieren ir, a amar a quienes otros rechazan y a proclamar el evangelio incluso en los lugares más oscuros, erl fuego del Espíritu Santo no solo enciende pasión, también derrite prejuicios y derriba muros que la religión y costumbres humanas edifican.


Como iglesia hoy, este capítulo nos confronta con una pregunta necesaria

¿Estamos dispuestos a seguir a Dios aun cuando nos lleve más lejos de lo familiar?¿Permitimos que el Espíritu Santo rompa nuestras barreras culturales, sociales y raciales?


Porque el evangelio no conoce fronteras.

Y cuando la iglesia decide obedecer,

Dios siempre hace algo nuevo.


“La mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió al Señor.”

— Hechos 11:21

 
 
 

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