Cuando la oración sacude la ciudad
- IglesiaElRedentor

- 4 ene
- 3 Min. de lectura

Hay cambios que solo pueden atribuirse al Espíritu Santo.
Meses antes de los acontecimientos de Hechos 4, Pedro había tocado fondo. En un momento de presión y miedo, negó a Jesús tres veces. Su fracaso fue tan profundo que regresó a lo único que conocía: la pesca. Había caminado con Jesús, había visto milagros, pero aun así falló.
Y sin embargo, Hechos 4 nos muestra a un Pedro completamente distinto muy diferente.
El hombre que negó a Jesús ahora estaba de pie, hablando con valentía frente a líderes hostiles. No era su primer mensaje, es su tercer sermón público, ya no se esconde, ya no retrocede, ya no calla. El cobarde se ha convertido en un testigo firme, pues recuerden que Dios no nos a dado un espíritu de cobardía, más bien uno de valentía.
¿Qué ocurrió?
Lucas lo deja claro: Pedro fue lleno del Espíritu Santo.
No fue motivación humana.
No fue una segunda oportunidad basada en fuerza personal.
Fue el poder de Dios obrando en un corazón rendido.
Pedro ya no se intimidó por túnicas religiosas, títulos ni amenazas. Cuando se le ordenó dejar de hablar de Jesús, respondió con una convicción sencilla y profunda: no podemos callar lo que hemos visto y oído. La valentía no nació del orgullo, nació de la presencia del Espíritu.
Pero la historia no termina ahí.
Cuando Pedro y Juan regresaron con los demás creyentes, no organizaron una protesta ni huyeron por miedo. Oraron juntos. Y su oración no fue por seguridad, ni por comodidad, ni por protección. Oraron por valentía. Le pidieron a Dios que los hiciera aún más audaces, aun sabiendo que eso traería oposición.
Y Dios respondió.
El lugar donde estaban reunidos se sacudió. No sabemos si fue un terremoto físico o una manifestación sobrenatural localizada, pero algo ocurrió. El ambiente fue afectado por la oración. Porque cuando la iglesia ora con el corazón alineado al cielo, la tierra responde.
Hechos 4 nos muestra una iglesia en crecimiento, pero no solo en número. De tres mil, pasaron a cinco mil. Pero más importante aún, pasaron del temor a la proclamación. Todos comenzaron a anunciar la palabra de Dios sin miedo.
El Espíritu Santo transforma a personas tímidas en personas valientes. Transforma creyentes silenciosos en testigos firmes. Transforma ciudades enteras cuando encuentra una iglesia dispuesta a orar y obedecer.
Este día nos confronta con una pregunta honesta:
¿Oramos para que Dios nos quite la presión… o para que nos fortalezca en medio de ella?
¿Buscamos una fe cómoda… o una fe que sacuda nuestro entorno?
La oración no siempre cambia las circunstancias de inmediato, pero siempre cambia a quienes oran. Y cuando la iglesia cambia, la ciudad lo siente.
Que este cuarto día nos recuerde que el poder no está en evitar la oposición, sino en permanecer llenos del Espíritu Santo. Que no pidamos menos desafíos, sino más valentía. Y que aprendamos a creer que cuando la iglesia ora con fe, algo siempre se sacude.
Porque una iglesia llena del Espíritu Santo
no se esconde,
no se calla,
y no pasa desapercibida.
“Y después de haber orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con valentía la palabra de Dios.”
— Hechos 4:31



Comentarios