Cuando la gracia cambio el rumbo
- IglesiaElRedentor

- 9 ene
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El profeta Jeremías lanzó una pregunta que parece definitiva: “¿Puede un leopardo quitarse sus manchas?” La respuesta implícita es no. El corazón humano, marcado por el pecado, no puede transformarse por sí mismo. Pero Hechos 9 nos muestra que lo que es imposible para el hombre es posible para Dios.
Saulo era un hombre dominado por el odio, respiraba amenazas y muerte, estaba convencido de que perseguir a los cristianos era servir a Dios. Había presenciado la muerte de Esteban con aprobación y ahora se dirigía a Damasco con un solo propósito, destruir a la iglesia, pero en el camino, su historia fue interrumpida.
Una luz del cielo lo derribó, no fue una experiencia emocional, fue un encuentro real con Cristo, Jesús se le reveló como Aquel a quien estaba persiguiendo, en un instante, Saulo perdió la vista… y ganó la verdad, quedó ciego físicamente, pero por primera vez pudo ver la luz del evangelio.
Ese momento marcó un giro radical, el perseguidor se convirtió en un discípulo, el hombre lleno de furia comenzó un camino de rendición, arrepentimiento y obediencia. La conversión de Saulo no fue superficial, fue un cambio total de dirección, un giro de ciento ochenta grados.
Pero esta transformación no ocurrió en aislamiento.
Dios usó a un hombre sencillo llamado Ananías, apenas mencionado dos veces en la Escritura, Ananías no buscó protagonismo ni reconocimiento, sin embargo, fue clave en el nacimiento espiritual de uno de los más grandes apóstoles, a pesar del temor natural que sentía hacia Saulo, obedeció la voz de Dios. Oró por él, lo llamó hermano, lo acompañó y pidió algo esencial: que fuera lleno del Espíritu Santo.
Saulo no solo necesitaba visión restaurada; necesitaba unción para cumplir el llamado que
Dios había preparado para él.
Hechos 9 nos muestra cómo una vida transformada puede cambiar el curso de la historia, a partir de este capítulo, el camino se ensancha, el evangelio comienza a avanzar con fuerza hacia las naciones gentiles. Pablo inicia su ministerio, y al mismo tiempo vemos a Pedro moviéndose estratégicamente, predicando, sanando y rompiendo barreras religiosas al hospedarse con personas que antes habrían sido rechazadas.
La iglesia deja de ser un movimiento local y comienza a convertirse en una misión global.
Este día nos recuerda que nadie está fuera del alcance de la gracia, que Dios puede tomar al más endurecido y convertirlo en un instrumento escogido, que detrás de grandes transformaciones suele haber siervos fieles que no aparecen en los titulares, pero obedecen sin reservas.
Y que cuando Cristo irrumpe en el camino de una persona, no solo cambia su destino, sino que abre caminos nuevos para muchos más.
Que este día nos invite a creer nuevamente en el poder de la conversión, a no perder la esperanza por nadie, y a estar dispuestos, como Ananías, a obedecer aun cuando no entendemos completamente el plan.
Porque cuando Dios cambia un corazón,también cambia el rumbo de la historia.
“Este hombre es mi instrumento escogido para dar a conocer mi nombre a los gentiles.”— Hechos 9:15



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